lunes, 4 de octubre de 2010

Era muy extraño, porque yo sabía que los dos estábamos en peligro mortal. Sin embargo, en ese momento, me sentí bien. Por completo. Podía notar otra vez el palpitar desbocado de mi corazón contra las costillas y la sangre latía caliente y rápida por mis venas. Los pulmones se me llenaron del dulce perfume que derramaba su cuerpo. Todo estaba perfecto, no curado, sino como si desde el principio no hubiera habido una herida
-No puedo creerme lo rápidos que han sido. No he sentido absolutamente nada, son realmente buenos- musitó él mientras volvía a cerrar los ojos y presionaba los labios contra mi pelo. Su voz era de terciopelo y miel-. "Muerte, que has sorbido de sus labios, no tienes poder sobre su belleza"- murmuró y reconocí el verso que declamaba Romeo en la tumba. El reloj hizo retumbar su ultima campanada-. Hueles exacamente igual que siempre- continuó él- Así que quizás esto sea el infierno. Y no me importa. Me parece bien.

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