martes, 5 de agosto de 2014

Recuerdo el día en que te vi, aunque yo ni siquiera sabía tu nombre. Viniste a mi como el aroma de las flores que se extienden en el viento enamorándome. Me sacudo y doy vueltas en esta noche de insomnio, una noche en la que te imagino, una noche interminable; siempre en el mismo lugar, siempre en el mismo punto, siempre en mi corazón. Tu misteriosa sonrisa es aún tan clara que hace que mi corazón se acelere.

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